Paleolítico

Término de origen griego, conjunción de las palabras “paleo”, antiguo, y “lítico”, piedra. Como su nombre indica, este periodo también se conoce por la Edad de la Piedra Antigua o de la piedra tallada, porque la inmensa mayoría de los restos arqueológicos que se han conservado hasta nuestros días son herramientas y utensilios de piedra tallada.

Cronología

Se trata del intervalo de tiempo comprendido entre los albores de la Humanidad, hace unos 2'5 millones de años, y 12.000 años aproximadamente, momento en que comienza el Neolítico, es decir, la Edad de la Piedra Nueva, en alusión al hecho de que se empiezan a utilizar instrumentos de piedra pulimentada.

Economía

Durante el Paleolítico los grupos humanos eran cazadores-recolectores, incluyendo en el segundo término el carroñeo, y en el primero, la pesca; si bien en las primeras etapas de este periodo es muy difícil testimoniar estas actividades, que, en muchos casos, se infieren a partir de los modos de vida y de subsistencia de pueblos primitivos de época histórica o del registro obtenido en los yacimientos paleolíticos más recientes. Tales grupos eran relativamente nómadas, pues tenían una gran dependencia de las condiciones ambientales (sobre todo de las climáticas) y de la disponibilidad de recursos alimenticios o de otra naturaleza asociados a éstas.

Recreación de grupo paleolítico desollando y descarnando
un elefante, y tallando los útiles necesarios para tal fin.
Dionisio Álvarez (M.A.R.M.)


Con el Neolítico irrumpe la domesticación de plantas (agricultura) y de animales (ganadería), fruto, sin duda, de miles de años de observación de la naturaleza y de tanteos experimentales; y paralelamente se produce un mayor sedentarismo y comienza a desarrollarse la cerámica, hecho que a su vez tiene estrecha relación con el anterior proceso.

Industria lítica

Se dedomina industria lítica a los utensilios de piedra y a los restos de las rocas talladas por el hombre empleadas en su elaboración.

Los humanos del Paleolítico tallaron, con gran destreza, diferentes tipos de rocas que tenían a su alcance (cuarcita, pedernal o sílex, etc.), extrayendo de las mismas lascas -fragmentos afilados y en ocasiones apuntados- al golpearlas con otras rocas, más duras y resistentes, llamadas percutores. Unas veces las utilizaban directamente, y otras daban forma, bien a las citadas lascas, sea a la roca de partida (normalmente cantos rodados aportados por los ríos), para obtener filos y/o puntas funcionales con las que poder cortar, hender, tajar, pinchar, etc.

En ocasiones el objeto de piedra tallada constituía, en realidad, la parte funcional de un artefacto más complejo, elaborado, además, con elementos orgánicos (madera por lo general) a los que iba enmangado, insertado, etc., sirviéndose a menudo, para conseguir su sujeción, de fibras vegetales y resinas. Las hoces de madera neolíticas con incrustaciones de lascas de sílex es un ejemplo no muy lejano de este tipo de herramientas.

Por otra parte, la tecnología empleada para obtener útiles de piedra durante el paleolítico ha perdurado hasta nuestros días, y no sólo a través de los pueblos cazadores-recolectores documentados en época histórica (bosquimanos, pigmeos, aborígenes australianos, etc.), sino que hasta tiempos muy recientes se ha utilizado para obtener las llamadas “piedras de fusil” (pedernal) y las lascas de las tablas de trillo. De hecho había especialistas, como los afamados talladores de Cantalejo (Segovia) que, en el siglo pasado, recorrían España fabricando o reparando las citadas tablas.

Detalle de la parte inferior de una tabla de trillo
en el que se pueden apreciar las lascas
incrustadas en la madera



Paleolítico inferior

Cronología

El Paleolítico inferior es la primera y más larga etapa de la Humanidad. Se inicia hace unos 2,5 millones de años y finaliza en torno a los 120.000 años antes del presente. Desde el punto de vista geológico coincide, básicamente, con los periodos denominados Plioceno-Gelasiense, Pleistoceno inferior (1.800.000 - 780.000 años) y Pleistoceno medio (730.000 - 120.000 años).

Génesis, conservación y registro de los yacimientos

Dada su antigüedad, el que se hayan conservado y registrado yacimientos de esta época puede considerarse un auténtico milagro de la naturaleza. Estas son las condiciones que deben de darse para que restos del paleolítico inferior lleguen a nosotros:



01) Que haya habido una ocupación humana del lugar o área.

02) Que dicha ocupación haya generado restos.

03) Que tales restos no se hayan destruido, al menos totalmente, antes de ser cubiertos por un sedimento.

04) Que, efectivamente, se haya formado un depósito conteniendo los restos.

05) Que el depósito en cuestión no haya sido erosionado o destruido y se conserve.

06) Que no se hayan destruido los restos en el depósito.

07) Que el depósito no esté oculto y sea accesible.

08) Que se localice el depósito.

09) Que se vean o afloren los restos que contiene el depósito.

10) Que alguien repare en los restos.

11) Que los restos sean identificados como del Paleolítico inferior.

12) Que se valore su importancia y se den a conocer.


Restos arqueológicos y posibilidades de interpretación

Restos líticos

De tiempos tan remotos apenas se sabe nada de la vida de los humanos y de los homínidos en general, ya que normalmente sólo se han conservado utensilios de piedra y/o los restos de talla (industria lítica) que produjeron en su elaboración, incluyendo, a veces, percutores o machacadores y posibles manuports (rocas sin transformar que manipularon).
No obstante, a partir de las características de los restos líticos registrados es posible conocer cómo tallaban y la funcionalidad de los útiles, sobre todo si éstos presentan huellas de uso, las cuales, a veces, sólo son observables mediante un microscopio. Según los rasgos de los artefactos y demás objetos de piedra y, en su caso, de sus huellas; de la densidad y distribución de los mismos, y teniendo en cuenta otros factores, como la ubicación del yacimiento y la existencia de otros elementos (por ejemplo, fauna), es posible, a veces, determinar la funcionalidad del yacimiento.

Restos óseos

Excepcionalmente, en algunos de estos yacimientos, se han conservado huesos de animales, los cuales pueden o no estar asociados a la industria lítica. Aunque la coexistencia de ambos restos fuese casual, la presencia de fauna en el yacimiento pone de manifiesto que, durante algún tiempo, animales y humanos frecuentaron el mismo lugar y compartieron el mismo paisaje y ecosistema, y además aporta información sobre sus características. Especialmente los animales pequeños (microfauna) son muy sensibles a los cambios climáticos y del ecosistema, y por lo tanto buenos indicadores del medio ambiente existente en cada momento.
Más raros todavía son los yacimientos del Paleolítico inferior en los que se han documentado talla de hueso para fabricar utensilios (industria ósea), como es el caso de La Polledrara (Italia), famoso por sus bifaces de hueso y concentraciones de restos de grandes herbívoros, sobre todo de elefante. En este periodo, el empleo de hueso como materia prima para la elaboración de herramientas debe relacionarse con la escasez de rocas aptas para la talla y la presencia de fauna de gran tamaño.

Bifaz de hueso de Fontana Ramuccio (Italia),
yacimiento fechado en torno a los 458.000 años

También son muy escasos los yacimientos del Paleolítico inferior en los que se han registrado huesos humanos, como en Atapuerca, por poner un ejemplo cercano y extraordinario.

Cráneo de homo heidelbergensis hallado en la Sima de los Huesos
Atapuerca (Ibeas de Juarros, Burgos)



Otros restos orgánicos

Igualmente son contados los yacimientos donde se han conservado restos vegetales, el más notable quizás el de Schöningen (Alemania), fechado en unos 300.000 años y en el que se han registrado varas de madera aguzadas que probablemente fueron utilizadas como lanzas o jabalinas. Es una valiosa prueba de que el mundo material vegetal de entonces era mucho más rico de lo que se desprende del registro aqueológico.

También en los sedimentos que cubrieron los restos puede haberse conservado polen, con lo cual se puede conocer cómo era la vegetación de la zona en dicho momento e, indirectamente, el clima. Éste, la vegetación y la fauna están íntimamente relacionados. El clima depende de la latitud, de la menor o mayor continentalidad o proximidad al mar, y de la orografía (relieve). La vegetación, además, de la geología (sustrato rocoso, tipo de suelos).

 

 

Homo heidelbergensis según ilustración de Dionisio Álvarez
(Museo Arqueológico Regional de Madrid)


 

 


Grupo cazador-recolector actual de la Amazonia.
Foto (recorte) de la agencia Reuters publicada en 2008
en diversos medios de comunicación

 

Triedro de cuarcita con desgaste fluvial acusado localizado en la terraza de +40 m del río Tajo en Alberche (Toledo).
Su peso y tamaño es tal que apenas se puede sostener con una mano, por lo que, o bien los humanos de entonces eran más fuertes y/o de mayor envergadura que la mayoría de los actuales, o se diseñó para ser utilizado con las dos manos a la vez.
Fotos: JRT

Algunos autores también incluyen en el concepto de industria lítica rocas no transformadas intencionalmente por el hombre, pero que presenta huellas inequívocas de uso, caso de los percutores, machacadores, yunques, presionadores, etc. (véase algunos ejemplos en la sección Industria Lítica).

Cuando una roca no está tallada ni muestra huellas de utilización, pero su presencia en el yacimiento no tiene una explicación geológica, se supone que ha sido transportada al lugar por el hombre con algún fin concreto (reserva de materia prima, lastre, proyectil, etc.), y recibe el nombre de "manuports".

 

Núcleo de taller trillero conteporáneo, localizado en
Ciruelos de Pradales (Segovia), que asemeja un bifaz.
Foto: JRT




Canto rodado de cuarcita, probable manuport,
registrado en el nivel PNA de Puente Pino.

 

El Cuaternario comprende los periodos
Pleistoceno y Holoceno

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 


Bifaces (izda.) y otras piezas de cuarcita in situ
del yacimiento de Puente Pino (Toledo, España),
Foto: JRT

 

Yacimiento de Ambrona (Soria).
Concentración de huesos de un elefante adulto,
muerto por causas naturales en una antigua charca
hace unos 400.000 años o más.
Foto: JRT

 


Yacimiento de Aridos II (Arganda, Madrid).
Detalle de la columna vertebral y de algunas costillas,
en conexión anatómica, de un elefante que murió,
probablemente por causas naturales,
en la llanura de inundación del río Jarama
hace unos 350.000 años.

En algunos huesos de este elefante se han encontrado huellas de cortes producidos por material lítico que parecen revelar una intervención humana sobre dicho elefante para aprovechar su carne.

Foto: gentileza de Manuel Santonja

 


Yacimiento de Schöningen (Alemania)
Se puede apreciar una de las varas de madera
registradas en sus depósitos, que son lacustres
y están datados en unos 400.000 años.
Las varas miden en torno a los 2 m de longitud
y muy probablemente fueron utilizadas como lanzas
para abatir animales, según se desprende del contexto
en el que fueron halladas y de sus puntas,
endurecidas mediante fuego.




H o m í n i d o s -yxh u m a n o s



Foto y escultura: Angel Arribas Gómez


La palabra homínido significa “parecido al hombre, que tiene su forma o propiedades”. Según esta definición, recogida de una edición antigua de una enciclopedia, dicho vocablo parece referirse a un ser muy próximo al hombre, que tiene características similares, pero que no es exactamente hombre. En el diccionario de la RAE, homínido “dícese del individuo perteneciente al orden de los primates superiores, cuya especie superviviente es la humana”, de donde se desprende que los humanos somos también homínidos.

Para muchos especialistas los homínidos son una subfamilia de los ramapitecos que agrupa, entre otros, a los australopitecos y a los individuos del género Homo, éstos últimos, humanos en sentido estricto; aunque parece ser que ambos fueron capaces de fabricar utensilios y utilizarlos con un fin predeterminado, cualidad que durante un tiempo se consideró exclusiva de los humanos y su rasgo más distintivo y esencial. Sin embargo, posteriormente se ha demostrado (trabajos de Goodall, p.e.) que otros antropoides, como los chimpancés, son capaces, no sólo de valerse de elementos naturales para conseguir un fin (por ejemplo, coger una piedra para machacar nueces), sino también de transformarlos y, por lo tanto, convertirlos de hecho en herramientas. Por otra parte, Wright enseñó a un orangután a fabricar y utilizar lascas, y lo consiguió, sacando en conclusión que dichos seres son capaces de fabricar instrumentos si se les sugiere la idea y están incentivados. Si además añadimos que el ADN de los humanos apenas se diferencia del de los chimpancés y gorilas, nuestro parentesco es evidente.


Chimpancés en el Zoo de Madrid.
Foto: JRT (años 80)

El debate, pues, se centra en determinar cual es la frontera entre lo simiesco y lo homínido, y entre lo homínido y lo humano. Para definir una u otra cosa se han empleado diversos criterios de tipo morfológico (características del cráneo, p.e.), biológico (ADN, p.e.), etc., que han ido cambiando con el tiempo en función de nuevos registros y avances científicos, no existiendo unanimidad ni siquiera acuerdo mayoritario en todas las definiciones y clasificaciones, por lo demás muy complejas. Según Simons, la naturaleza intermedia de algunos especímenes suscita por sí misma la arbitrariedad de separar las familias de Póngidos (orangután, gorila y chimpancé) y de Homínidos, problema agravado por los nuevos descubrimientos que ponen de manifiesto las similitudes bioquímicas entre el hombre y los antropoides, como se ha comentado. Otro problema es la escasez y fragmentación de restos fósiles y, a veces también, la descontextualización de los mismos, lo que favorece, a poco que difieran en algo de los ya conocidos, la proliferación de definiciones de nuevas especies o subespecies. Hoy en día, sin ir más lejos en el tiempo, existen entre nosotros cierta variabilidad, incluso personas con rasgos arcaicos, que no por ello dejan de ser considerados humanos ni “sapiens sapiens”, como se decía hace años al referirse a nuestra especie, ya que entonces, como los cromañones, éramos el doble de sabios o de listos que los neandertales.
En una publicación de Cela y Ayala (2001), antropólogo y biólogo, respectivamente, se relacionan las siguientes especies de Homo con sus correspondientes dataciones en millones de años: H. habilis (2,5 m.a.), H. ergaster (1,8 m-a.), H. erectus (1,6 m.a ?), H. antecesor (0,8 m.a.), H. neandertalensis (0,3 m.a.) y H. sapiens (0,2 m.a.).

Aunque los restos fósiles registrados en la Península ibérica (Atapuerca inclusive) y en el resto de Europa son del género Homo, es frecuente referirse a ellos como homínidos en lugar de humanos, que sería un término más preciso y apropiado. La razón de tal fenómeno, por otra parte contagioso, parece radicar en que dicha palabra y concepto, el de homínido, despierta entre el público en general una mayor fascinación y atracción que el de “humano”, probablemente por su carácter más ambiguo e indefinido (a los australopitecos se les ha llegado a considerar hombres-momos), lo que despierta la imaginación. O tal vez es que seguimos pensando que los otros homínidos, en la forma y en el fondo, no son tan parecidos a nosotros.


El cráneo humano más completo registrado en Atapuerca,
concretamente en la Sima de los Huesos,
y que es el mejor conservado del registro fósil mundial.
Foto: J. Trueba (M. Santonja Gómez Ed., 2005)

 

 

 

Pueblos cazadores-recolectores
de época histórica


El arco y las flechas

 

Cazador-recolector Hadzabe con su arco. Tanzania, 2001.
Foto: JRT

El arco parece que se empezó a usar en el Paleolítico superior. Su invención, como la de otras armas de caza (y de guerra) tales como el propulsor, la honda, el bumerang, etc.; debió representar una verdadera revolución tecnológica al posibilitar cazar presas, a veces muy veloces, desde larga distancia y con bastante precisión: a igualdad de destreza, bastante más de la que se consigue lanzando con la mano una jabalina o una piedra, por mucha fuerza y tino que se tenga.
Las flechas empleadas por los cazadores-recolectores han sido y son de diferentes tipos. En bastantes casos sus puntas están impregnadas de un poderoso veneno que aturde o termina matando al animal en el que se clavan. Las puntas de las flechas también son variopintas, y pueden consistir simplemente en el aguzado de la varilla o llevar ésta engarzada en su extremo distal un objeto apuntado, como es el caso de las refinadas “puntas de flecha” solutrenses elaboradas en piedra.


 

 

 

 

 

 

Í N D I C E


Homínidos y humanos

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Yacimiento Arqueologico de Puente Pino

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